El sanatorio de Isla Pedrosa

La historia de la isla Pedrosa comenzó mucho antes de convertirse en sanatorio. En el siglo XIX, cuando las epidemias viajaban con la misma facilidad que los barcos mercantes, la bahía de Santander era una puerta abierta al mundo y también una posible entrada para enfermedades procedentes de otros continentes. La isla reunía las condiciones ideales para establecer un lazareto, un lugar destinado a la cuarentena de tripulaciones y pasajeros sospechosos de portar enfermedades contagiosas. La solicitud oficial para su instalación llegó en 1834 y el lazareto comenzó a funcionar en 1869. Aquella fue la primera vocación de Pedrosa: no la de curar, sino la de proteger. Era una frontera invisible levantada frente al contagio, donde el aislamiento se convertía en la única medicina posible.