Un camposanto en la iglesia

La historia nos dice que la iglesia de Santa María de la Varga fue levantada durante la primera mitad del siglo XIII, cuando Castilla consolidaba definitivamente este territorio y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada ejercía el señorío de Uceda. Pero las fechas, por sí solas, apenas consiguen explicar lo que contemplamos. Durante generaciones, Santa María de la Varga fue mucho más que una iglesia. Fue el corazón espiritual de una comunidad. Bajo estas bóvedas fueron bautizados los recién nacidos, se bendijeron matrimonios y se elevaron plegarias cuando las cosechas fracasaban o la enfermedad recorría las calles de la villa. Cada celebración, cada despedida y cada esperanza fueron dejando una huella invisible entre estos muros. Los edificios poseen una memoria distinta de la nuestra. No recuerdan mediante palabras, sino mediante el eco de las vidas que albergan.