Breve Meditación Isaías 26

En esta breve meditación de Isaías 26 contemplaremos el cántico de confianza del pueblo de Dios, un pueblo que descansa seguro porque su protección no depende de sus propias fuerzas, sino del Señor. Existe un marcado contraste con el capítulo anterior: allí vimos a una "nación fuerte", orgullosa y confiada en sí misma, destinada finalmente a la destrucción; aquí, en cambio, encontramos a un pueblo pobre y débil que, aunque a los ojos del mundo parece frágil y un blanco fácil, permanece firme y seguro porque Dios mismo es su fortaleza. Estos menesterosos entran en una ciudad fortificada cuyos muros han sido edificados por Dios y son llamados "muros de salvación". Esa salvación es el fundamento de su seguridad y de su paz. No se trata de una salvación obtenida por sus propias obras o méritos, sino de aquella que Dios concede por medio de la justicia perfecta de Cristo, mediante la cual su pueblo es librado de la ira divina y de la condenación que merece por causa del pecado. Asimismo, este pueblo es resguardado por Dios como sucedió en los días de Noé, cuando el Señor cerró la puerta del arca para preservar a los suyos de la ira venidera. Mientras que para los impíos el día del Señor será un día de terror, para quienes han confiado en la sangre del Cordero será el día de su plena salvación. Cristo mismo es la verdadera Arca de salvación, el refugio seguro donde el pueblo de Dios permanece protegido y espera con esperanza el cumplimiento definitivo de todas las promesas del Señor.