La secuencia del Corpus Christi, conocida como "Lauda Sion Salvatorem

Si te ha gustado👆🏻 este vídeo, dale a me gusta 👍🏻 suscríbete por favor al canal. Y comparte el video. Muchas gracias Que Jesús y María te Bendigan 😇😇😇👼🏼👼🏼👼🏼👼🏼👼🏼 La secuencia del Corpus Christi, conocida como "Lauda Sion Salvatorem", es un himno litúrgico que se canta en la Santa Misa de la Solemnidad del Corpus Christi. Compuesta por Santo Tomás de Aquino, consta de 24 estrofas que celebran la Eucaristía, destacando la presencia real de Cristo en el pan y el vino consagrados. La secuencia se divide en varias partes: Invitación a la alabanza: Se invita a Sion a alabar al Salvador, a su Pastor y Guía, en himnos y cantos. Imágenes del Antiguo Testamento: Se evocan pasajes como la Pascua judía, el maná del desierto y la figura de Melquisedec, aplicándolos a la Eucaristía. La Última Cena: Se recuerda la institución de la Eucaristía por Jesús en la Última Cena. Realidad de la Transubstanciación: Se afirma la creencia en la conversión del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Petición final: Se ruega a Jesús, Buen Pastor, que proteja y guíe a los fieles, invitándolos a su festín eterno. En resumen, la secuencia "Lauda Sion" es una meditación poética y teológica sobre la Eucaristía, invitando a la adoración y la reflexión sobre el misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Secuencia del Corpus Christi, conocida como "Lauda Sion Salvatorem. Alaba, alma mía, a tu Salvador; alaba a tu guía y pastor con himnos y cánticos. Pregona su gloria cuanto puedas, porque él está sobre toda alabanza, y jamás podrás alabarle lo bastante. El tema especial de nuestros loores es hoy el pan vivo y que da vida. El cual se dio en la mesa de la sagrada cena al grupo de los doce apóstoles sin género de duda. Sea, pues, llena, sea sonora, sea alegre, sea pura la alabanza de nuestra alma. Pues celebramos el solemne día en que fue instituido este divino banquete. En esta mesa del nuevo rey, la pascua nueva de la nueva ley pone fin a la pascua antigua. Lo viejo cede ante lo nuevo, la sombra ante la realidad, y la luz ahuyenta la noche. Lo que Jesucristo hizo en la cena, mandó que se haga en memoria suya. Instruidos con sus santos mandatos, consagramos el pan y el vino, en sacrificio de salvación. Es dogma que se da a los cristianos, que el pan se convierte en carne, y el vino en sangre. Lo que no comprendes y no ves, una fe viva lo atestigua, fuera de todo el orden de la naturaleza. Bajo diversas especies, que son accidentes y no sustancia, están ocultos los dones más preciados. Su Carne es alimento y su Sangre bebida; mas Cristo está todo entero bajo cada especie. Quien lo recibe no lo rompe, no lo quebranta ni lo desmembra; recíbese todo entero. Recíbelo uno, recíbenlo mil; y aquel lo toma tanto como estos, pues no se consume al ser tomado. Recíbenlo buenos y malos; mas con suerte desigual de vida o de muerte. Es muerte para los malos, y vida para los buenos; mira cómo un mismo alimento produce efectos tan diversos. Cuando se divida el Sacramento, no vaciles, sino recuerda que Jesucristo tan entero está en cada parte como antes en el todo. No se parte la sustancia, se rompe solo la señal; ni el ser ni el tamaño se reducen de Cristo presente. He aquí el pan de los ángeles, hecho viático nuestro; verdadero pan de los hijos, no lo echemos a los perros. Figuras lo representaron: Isaac fue sacrificado; el cordero pascual, inmolado; el maná nutrió a nuestros padres. Buen Pastor, Pan verdadero, ¡oh, Jesús!, ten piedad. Apaciéntanos y protégenos; haz que veamos los bienes en la tierra de los vivientes. Tú, que todo lo sabes y puedes, que nos apacientas aquí siendo aún mortales, haznos allí tus comensales, coherederos y compañeros de los santos ciudadanos. Amén