Capítulo 11 - Prólogo II: El consejo de la Nada

La adultez viene de golpe, no se anuncia, no entra con bombos y platillo para hacer una gran entrada. Paseas por el borde del abismo creyendo que lo tienes todo bajo control, que todo la grandeza que crees haber tenido durante la juventud te acompañará en la adultez como una armadura y capa que te hace invulnerable. Pero el primer tropiezo, que nunca tarda en llegar, te hace caer... Y es difícil dejar de caer una vez que estás en la rueda que no para. “Mientras el adulto mira hacia otro lado, creyendo que Dragonía quedó atrás, la Nada convoca a sus caballeros en un lugar sin mapa ni estrellas. El Rey de los Días Iguales, la Dama de las Sillas Vacías, la Sirena del Reloj Roto y el resto del consejo trazan su plan: no destruir el reino de un golpe, sino ir borrándolo poco a poco de su memoria, hasta que sea el propio soñador quien cierre el libro por última vez.” Letra e Historia Original: David Vegas Castellano Ilustración y ajustes: ChatGPT Música: Suno AI Letra: Creí que la peor parte era sobrevivir al niño roto, a los monstruos de la noche, a las sombras del espejo. Brindaron por mí: “Ya pasó lo más difícil, ahora sólo te queda ser adulto”. Nadie me habló del Consejo de la Nada. Nadie me avisó de que al otro lado del portal no había paz… sino caída. Salí del bosque con las bestias a mi espalda, con la armadura hecha de cicatriz. Pensé: “si he vencido a mi propia sombra, ¿Qué más puede hacerme daño aquí?”. El niño que miraba dragones aprendió a caminar sin huir. Cruzó el abismo con el miedo de la mano, pero llegó vivo al fin. Y en la colina donde acaba la infancia, donde el mapa parecía terminar, se alzó una torre de cemento y de pantallas, un portal de luz azul que nadie me enseñó a cruzar. “Bienvenido a la parte fácil”, dijeron voces desde la ciudad. “Lleva traje, firma, calla y sonríe, lo demás se te dará”. Y entonces vi al Consejo de la Nada sentado en tronos de hormigón y neón. Me abrieron la puerta del vacío de la adultez, un salto sin fin entre horarios y ascensor. Caer sin fin, rodeado de sonrisas de cartón, de vidas fotocopia sin color. Creí salir victorioso del dragón de la niñez… y desperté en un mundo sin canción. En el centro, el Rey de los Días Iguales, corona gris, calendario funeral. Cada hoja que descuelga de su cetro es una promesa que no vas a recordar. A su derecha, el Contable de la Nada, ojos de suma y resta emocional. Convierte en cifras tus horas, tus abrazos, y siempre el resultado es “te falta algo más”. A la izquierda, el Heraldo del “Ya es Tarde”, con la pluma afilada de “después”. Te dicta el parte de defunción de tus proyectos: “Lo bonito era de joven, ya no toca para usted”. Y los tres me miran desde el trono como quien mira a un recluta en la estación: “Has sobrevivido a tus monstruos, enhorabuena… ahora aprende a trabajar para los nuestros, por favor”. Y el suelo se abrió bajo mis pies, no hubo fanfarria ni canción final. No hubo medalla por seguir aquí, sólo un contrato y un reloj marcando la señal. Y empecé a caer en la Nada de la adultez, un pozo de agendas, tráfico y papel. La ciudad me gritaba “esto es lo normal, así se vive, así se muere, así se finge estar bien”. Caer sin fin, rodeado de oficinas sin reloj, de cafés sin alma a las seis. Creí que el jefe final era mi miedo infantil… pero eran ellos tres firmando mi ley. Vi a la Dama de las Sillas Vacías convertida en salón de estar. Vi a la Sirena del Reloj Roto cantando “no cambies, déjalo pasar”. El Carcelero sin Rostro se puso traje y nómina formal. La Reina del Espejo Torcido aprendió a vivir en fotos de perfil y en comparar. El Pastor de Sombras se conectó a mi wifi, llenó de “y si…” la madrugada laboral. No eran monstruos nuevos, eran los mismos de siempre con licencia para entrar. Y frente a ellos, yo, con mi espada de latón, con un dragón cansado pero vivo en el corazón. No tengo claro cómo se combate en un mundo de sonrisa profesional, donde la armadura es un correo a tiempo y el rugido es aprender a decir “no” sin temblar. Pero si el Consejo de la Nada cree que va a borrar lo que fui, que cuente bien las vidas que me quedan, porque al niño que sobrevivió también le toca decidir. No soy un héroe de portada, sólo un adulto al borde del vagón. Pero si este es el segundo asedio, no me vais a arrebatar al del primer renglón Se alza ante mí el Consejo de la Nada, tres tronos grises en la torre del “después”. Me lanzan a ciegas al vacío de la adultez, sin instrucciones y con prisa por caer. Caer, sí, pero con las manos en la espada, aunque pese el cuerpo y pese el mes. Si este mundo es un abismo de horarios, que sepa el Rey, el Contable y su Heraldo también, que todavía hay un dragón en alguna parte de mi piel.