Capítulo 23: Donde vuelan otra vez

Quizá no se pueda ganar del todo en la vida, pero sí pequeños triunfos que te ayuden a seguir adelante. Si consigues darle mano al niño que fuiste y avanzar juntos, quizá el futuro sea un poco menos negro. Y quizá vuelvan a volar otra vez. “Dragonía no volvió a ser exactamente igual… y quizá por eso sobrevivió. Quedaron cicatrices de hormigón, rincones donde aún susurra la Nada y algún que otro reloj clavado en la pared. Pero el niño y el adulto aprendieron a abrir el libro juntos, a robarle horas al Rey de los Días Iguales y a encender hogueras en los mapas tachados. No echaron a la oscuridad, pero levantaron de nuevo el vuelo: mientras haya un dragón sobrevolando el reino, la historia nunca estará del todo perdida.” Letra e Historia Original: David Vegas Castellano Ilustración y ajustes: ChatGPT Música: Suno AI Letra: La batalla terminó sin vencedor, no hubo héroes, no hubo un monstruo a derrotar. Sólo un mapa hecho trizas en el suelo y un adulto respirando con la armadura a medio cerrar. La Ciudad de Hormigón sigue en pie, pero el bosque todavía huele a flor. Hay dragones escondidos en la niebla, esperando a que alguien diga que no ha muerto del todo su color. El Rey de los Días mira desde lejos, el Contable repasa su renglón. El Heraldo guarda en alto su estandarte, pero hoy su voz suena más baja que el latido de su corazón. No se han ido, siguen al borde del camino, como sombras en la orilla del papel. Pero algo ha cambiado en esta historia: ya no mandan sobre el niño que aprendió a crecer sin desaparecer. Y entre las ruinas de una torre derrumbada, se oye un paso pequeño en el cristal. Alguien recoge la llave de escamas y pregunta en voz muy baja: “¿Volvemos a entrar?” Dame la mano, niño que fui, no te vuelvo a dejar solo aquí. Si el mundo allá afuera sigue queriendo engullir, reconstruyamos Dragonía aunque ya no sea igual que antes para ti. No puedo borrar la trinidad de la adultez, pero puedo acorralarla en un rincón. Mientras tú y yo pintemos nuevos cielos, habrá dragones otra vez sobre el papel de mi razón. El mapa viejo tiembla entre los dos, hay lugares que no se podrán tocar. La Torre Blanca de las Lágrimas sigue en el norte, recordándonos la herida que nunca se va a cerrar. Pero al sur brota un Hogar del Sol pequeño, una casita donde el miedo puede entrar, sentarse a la mesa con la pena y ver que no hace falta ocultarla para amar. En el oeste sigue escrita la Ciudad de Hormigón, pero alguien ha dibujado encima un dragón. Y al este, en una esquina del pergamino, hay un niño y un adulto escribiendo: “Este rincón es sólo mío”. No se trata de ganar ni de olvidar, se trata de aprender a caminar con los monstruos en la sombra del lugar mientras Dragonía vuelve a respirar. Dame la mano, niño que fui, no te vuelvo a cerrar el libro aquí. Si antes te dejé atrapado en la portada para sobrevivir afuera, hoy te pido que sobrevivas tú por mí. No puedo matar al Rey de los Días Iguales, ni callar al Heraldo del “Ya es Tarde” en mi interior. Pero puedo hacerles sitio en un armario y llenar de música y de magia las estancias donde mando yo. [Niño:] “Tu mundo daba miedo, por eso me escondí. Me encerraste entre dragones para no llorar por ti. Pero luego te perdiste en ciudades sin color, me olvidaste en un estante con mi espada y mi rencor.” [Adulto:] “Perdóname por haberte abandonado cuando más necesitabas mi voz. Ahora sé que no era justo exigirte ser mi escudo mientras yo huía del dolor. No puedo devolverte la infancia que se fue, pero puedo compartir contigo el peso de seguir vivo, aunque duela a veces ser.” Juntos caminan por lo que quedó en pie, una colina, un valle y un portal. Allí donde la Nada hizo un agujero, planta el niño una bandera hecha de trozos de cristal. No es perfecta, brilla a ratos, está rota, pero refleja algo que no estaba ya: un adulto que se mira en esa forma y no se odia tanto al ver lo que consiguió salvar. Dame la mano, niño que fui, esta vez vamos los dos hasta el fin. Si el dragón nos ve llegar tan diferentes, nos hará un hueco en su ala para vernos reconstruir. Dragonía nunca fue sólo un refugio, fue el idioma que inventamos para amar. Hoy el hombre y el niño se arrodillan no ante un dios ni ante la Nada, sino ante todo lo que aún se puede imaginar. Que el Rey de los Días vigile desde lejos, que el Contable apunte “pérdida” otra vez, que el Heraldo grite “ya no hay tiempo” … Mientras quede un sueño en pie, mientras sigas tú de pie, no han ganado de verdad. Si mañana vuelvo a la Ciudad de Hormigón, llévate este mapa en tu bolsillo, corazón. Y cuando sientas que te pierdes en la edad, cierra los ojos, búscame la mano y vuelve a entrar. Dragonía ya no es sólo un lugar para huir, es la forma en que aprendimos a vivir: aceptar los monstruos en un rincón del mapa, pero dejarles claro que la última palabra no la tienen ellos… la tenemos tú y yo aquí.