Entrevista a Anselmo Álvarez, Abad del Monasterio benedictino del Valle de los Caídos Madrid

07.01.2011 El abad del Valle, Anselmo Álvarez, y el propio Arzobispado de Madrid defienden la libertad de culto de la institución y solo se conformarán con una apertura plena de la basílica. "La comunidad benedictina no aceptaría restricción, limitación ni prohibición alguna a la libre organización de culto en la Basílica de la Santa Cruz ni en el recinto del Valle de los Caídos", explicaba esta semana el abad. "Nos debemos al pueblo de Dios y cualquier injerencia de la autoridad civil se encontrará de plano con nuestra firme oposición". La Iglesia confía en que la situación se reconduzca antes de la próxima Navidad y esperan que la presión de los fieles obligue a dar marcha atrás a los planes del Gobierno. El Arzobispado recuerda, en todo caso, que la Orden Benedictina tiene encomendada "la libre organización" del culto en la Basílica "sin injerencia de la autoridad civil", que sólo puede intervenir "cuando así lo requiera el orden público". Juan de Ávalos reclama que el Valle permanezca como una basílica: "Si quieren hacer un museo, depende de qué memoria. No solo para la de los muertos de un lado. La memoria es de todos". El Valle de los Caídos o la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos es un monumento construido entre 1940 y 1958 situado en el municipio de San Lorenzo de El Escorial, en la Comunidad de Madrid (España). Se encuentra a 9,5 km al norte del Monasterio de El Escorial en la Sierra de Guadarrama, sobre el paraje del valle de Cuelgamuros. En su diseño participaron los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez. El conjunto pertenece al Patrimonio Nacional desde 1957, año de su apertura al público. Francisco Franco ordenó su construcción, y está enterrado allí junto con José Antonio Primo de Rivera, fundador del partido Falange Española, así como con otros 33.872 combatientes de ambos bandos en la Guerra Civil, nacionales y republicanos. Según el decreto fundacional de 1 de abril de 1940, el monumento y la basílica se construyeron para:5 ...perpetuar la memoria de los caídos de nuestra gloriosa Cruzada [...] La dimensión de nuestra Cruzada, los heroicos sacrificios que la Victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra historia y los episodios gloriosos de sus hijos. Fuentes presenciales, como un médico preso que trabajó en la obra durante dieciocho años,6 afirman que murieron 14 presos durante todo el periodo de construcción. En el complejo se hallan una abadía benedictina, parte de la cual se remodeló como hospedería para atender al turismo, una basílica excavada en la roca donde se encuentran las tumbas de Franco, Primo de Rivera y ocho capillas donde están enterrados combatientes de ambos bandos (Según la investigación de Joan Pinyol ha documentado que al menos 500 cadáveres fueron transladados sin el consentimiento de sus familiares).4 Sobre la basílica se alza la más alta cruz cristiana del mundo[cita requerida] con 150 metros de altura visible a más de 40 kilómetros de distancia. Desde el acceso al recinto, una carretera lleva al pie del monumento de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, desembocando en una gran explanada. A medio camino entre la entrada y la explanada el viajero se encuentra con cuatro grandes monolitos cilíndricos, de granito, de 11,50 metros de altura y 1,50 metros de diámetro cada uno, que reciben el nombre de «Juanelos». Fueron esculpidos durante el reinado de Felipe II, bajo la dirección del ingeniero italiano, afincado en Toledo, Juanelo Turriano. Puede accederse a la base de la cruz por medio de un funicular. La altura de la cruz es de 150 m y sus brazos miden 46 metros y tiene dos basamentos. A 25 metros de altura, en el primer basamento, se encuentran las esculturas de los cuatro evangelistas y sus símbolos —Juan y el Águila, Lucas y el Toro, Marcos y el León y Mateo y el Hombre alado— realizadas por Juan de Ávalos. En el segundo basamento, a 42 metros de altura, se representan las cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. En la explanada se encuentra la entrada a la cripta (o basílica) de 262 metros de longitud. Se excavaron 200.000 metros cúbicos de roca para su construcción. La puerta de entrada, construida en bronce, es obra del escultor Fernando Cruz Solís. En ella están representados los 15 misterios del Rosario y un apostolado; de Carlos Ferreira son los dos arcángeles del atrio. En la reja que da paso a la nave se hallan representados cuarenta santos y está rematada en el centro con la figura del Apóstol Santiago, patrono de España.