MANUAL DE LA LEGION, Cap.11 Estructura de la Legión, 4. Deber primordial

CAP. 11 ESTRUCTURA DE LA LEGION 4. DEBER PRIMORDIAL El punto más saliente del reglamento legionario es la obligación rigurosísima que la Legión impone al socio de asistir a las juntas. Es el deber primordial por que la junta es la que da el ser a la Legión. Lo que la lente es para los rayos solares, eso es la junta para los socios: los recoge, los inflama, e ilumina todo cuanto se acerca a ella. Es el vinculo de unión: roto, o aflojado por falta de estima, los miembros se dispersan y la obra cae por tierra. Y a la inversa: la organización ganará en fuerza en la medida en que se respete la junta. Lo que sigue fue escrito en los primeros tiempos de la Legión, y sigue expresando su sentir respecto de la organización en general y, en particular, de la junta como centro y foco de la misma. "En la organización, los individuos, sean cuales sean sus dotes personales, se asocian con los demás a modo de engranaje de una máquina, sacrificando gran parte de su independencia por el bien del conjunto. Con ello ganará la obra en centuplo: muchos individuos, que de otra suerte estarían ociosos o sin poder hacer nada, entran como actores positivos, y no cada cual según sus propios relativos alcances, sino en solidaridad con el fervor y energía aportado por los demás. Es grande la diferencia cuando se obra de esta forma: algo así como la que hay entre el carbón disperso, y ese mismo carbón puesto en el corazón ardiente del fogón". "Además, el cuerpo organizado goza de vida propia, bien definida y distinta de la de los individuos que lo componen; esta característica, al parecer, atrae más poderosamente que la misma belleza de las obras llevadas a cabo. La asociación establece una tradición, engendra lealtad, se hace acreedora al respeto y a la sumisión, y es fuente perenne de inspiración para todos los miembros. Hablad con los legionarios, y comprobaréis que se apoyan en la Legión como en la experiencia de una madre. Y con razón: saben que les guarda de todo peligro. Les preserva del celo indiscreto, de desanimarse con el fracaso o de engreírse con el feliz éxito, de titubear ante la incomprensión, de arredrarse cuando se ven solos y sin apoyo, y de atascarse en el arenal movedizo de la inexperiencia. Toma entre sus manos la buena intención del socio y, como si fuera materia informe, la elabora según normas fijas, asegurando su desarrollo y su continuidad" (P.Miguel Creedon, primer director espiritual del Concilium Legionis Mariae). "La Compañía de María es con relación a nosotros, sus miembros, la extensión, la manifestación visible de María, nuestra celestial Madre; pues Ella es quien nos ha recibido en la Compañía como en su seno maternal, para amoldarnos a la semejanza de Jesús, y hacernos de este modo sus hijos privilegiados, a fin de señalarnos un campo de apostolado y así compartir con nosotros su misión de Corredentora de las almas. Para nosotros, pues, amar y servir a la Compañía es lo mismo que amar y servir a María" (Breve tratado de Mariología, Marianista).