¿Y si el Hindenburg nunca se hubiera incendiado?

6 de mayo de 1937. Veinte minutos antes de embarcar, un pasajero del Hindenburg da media vuelta en el mostrador y se marcha sin explicación. Su nombre queda tachado a lápiz en el manifiesto. Y por eso el dirigible amarra limpio en Lakehurst esa misma tarde. La era de los dirigibles nunca termina. En este episodio recorremos el siglo XX que nace de aquella ausencia: un cielo lento, caro y silencioso, con sus rituales de clase, sus crímenes irresolubles, sus flotas soviéticas, sus catástrofes aplazadas. Un mundo donde ciertas torres siguen en pie y ciertos viajes nunca se hacen. Al final, una sola pregunta queda flotando: si aquel cielo era mejor o peor que el nuestro.