Cuando la Fortuna Bebio

En tierras de niebla y de antiguo cantar, donde el hierro y la suerte se suelen quebrar, comienza esta historia de un día fatal… y de cómo la noche lo quiso salvar. Desperté con el hierro del destino en la sien, la tormenta rugía como un lobo en mi piel. Se rompió mi espada, se apagó el hogar, y el cuervo en mi techo no dejaba de graznar. Tropecé en el barro, maldije a los dioses, perdí mis monedas en juegos atroces. El viento se burlaba, la noche cayó, y hasta mi caballo su lealtad olvidó. Se torció mi camino, sangró mi honor, las sombras susurraban derrota y dolor. Cada paso que daba pesaba el doble, como si el mundo mismo cobrara su cobre. Oh, runas rotas, ¿qué hice mal? ¿Es este el precio de querer luchar? Si el destino es cruel y juega sin fe, ¿quién al caído lo vuelve a poner? Pero alzó su jarra el destino cruel, y brindé con la sombra hasta el amanecer. Entre risas, cerveza y el fuego del hogar, la suerte cambió… me volvió a encontrar. Entré a la taberna, con el alma en ruinas, y el canto de un laúd curó mis espinas. El humo danzaba como viejo ritual, y el hidromiel fluía como un río ancestral. Allí entre la bruma de espuma y calor, sus ojos brillaban con dulce fulgor. Era doncella de risa de miel, cabellos de oro, mirada de laurel. Se sentó a mi lado, me ofreció beber, y en su voz hallé lo que creí perder. Sus manos, tan suaves, tocaron mi azar, y el caos del día comenzó a callar. ¡Que suenen gaitas, que el suelo retumbe! ¡Que el dolor se ahogue y la pena se tumbe! Por cada desgracia, un trago al sol, por cada caída… un nuevo tambor. Reí como loco, brindé sin temor, las penas huyeron del viejo cantor. El mundo giraba, pero ya no dolía, pues en su mirada la noche ardía. Bailamos descalzos sobre el viejo roble, y el destino, vencido, rindió su nombre. Lo que fue tormenta se tornó canción, y el hierro en mi pecho… pura pasión. Y alzó su jarra el destino fiel, y bebí con la vida hasta el amanecer. Entre besos, cerveza y el fuego del hogar, la suerte cambió… me quiso abrazar. Golpea el tambor, ruge la voz, lo que fue ruina hoy ruge feroz. Del lodo nací, del fuego volví, y en cada caída… más fuerte me vi. Alzó su jarra el destino y yo, bebí con la vida sin miedo ni dios. Entre risas, cerveza, su piel y el cantar, la suerte cambió… no me dejó atrás. Hoy canto a la noche que me vio caer, y a la dulce fortuna que me hizo renacer. Pues donde hay cerveza, valor y canción, hasta el peor día… halla redención.