SAGA: La Última Frontera. Episodio III: Las Ruinas Observan. Kenshi gameplay.

Bitácora de Kenjiro Cuando era más joven creía que los depredadores se distinguían con facilidad: tenían colmillos, garras o armas en las manos, y bastaba con observarlos para saber qué eran. Sin embargo, los años me enseñaron algo diferente. Existen criaturas que cazan por hambre, criaturas que cazan por miedo y criaturas que terminan olvidando la diferencia entre una presa y cualquier otra cosa que se cruce en su camino. Las tierras que rodean Libertad están llenas de esa clase de peligros. Algunos avanzan bajo banderas, otros se ocultan tras creencias y otros simplemente continúan haciendo aquello que llevan tanto tiempo haciendo que ya no recuerdan cuándo comenzaron. A veces observo las ruinas del mundo antiguo y me pregunto si muchos imperios desaparecieron exactamente así: no por una gran batalla ni por una catástrofe repentina, sino porque permitieron que ciertas amenazas crecieran demasiado cerca de sus murallas. He pasado buena parte de estos días pensando en eso. Las ciudades suelen imaginarse como lugares protegidos por defensas, pero empiezo a sospechar que las verdaderas fronteras se encuentran mucho más lejos. A veces una muralla comienza donde terminan los cultivos; otras veces, en un camino olvidado; y, en ocasiones, en el corazón mismo de quienes desean destruir aquello que estás intentando construir. Mientras tanto, Libertad continúa creciendo. Todavía resulta extraño escribir ese nombre. Durante mucho tiempo fue una idea; después se convirtió en una promesa y ahora empieza a parecerse a un lugar real. Gin continúa arrancándole secretos al pasado, y cada nuevo descubrimiento parece abrir una puerta que antes permanecía cerrada. Durante años dependimos de caravanas, comerciantes y cosechas inciertas; ahora, en cambio, empezamos a comprender cómo alimentar una ciudad incluso allí donde la tierra parece haber olvidado cómo dar vida. Observar aquellos avances me recordó algo que aprendí hace mucho tiempo junto a Inu: sobrevivir y vivir no son la misma cosa. Mientras el hambre obliga a un hombre a pensar en el próximo día, la construcción de un futuro obliga a pensar en los próximos años. También he descubierto que toda ciudad necesita guardianes distintos. Existen quienes protegen las puertas, quienes vigilan los caminos y quienes observan desde las alturas mientras el resto duerme. Durante mucho tiempo creí que la fuerza residía únicamente en quienes avanzan al frente; ahora, sin embargo, empiezo a comprender la importancia de quienes permanecen detrás, asegurándose de que los demás tengan un lugar al que regresar. Agnu continúa atrapado en un largo sueño; Tristneil sigue observando el mundo con la paciencia de quien ha visto pasar siglos enteros; Hamut habla de libertad con la misma convicción con la que otros hombres hablan de dioses; y Soka vuelve a caminar. Mientras tanto, nuevos compañeros llegan y otros continúan adaptándose a las heridas que dejaron los caminos. Y, poco a poco, casi sin que nos demos cuenta, Libertad empieza a parecerse menos a un campamento y más a una comunidad. Por las noches continúo observando las ruinas que rodean estas tierras. Los antiguos construyeron maravillas, pero también construyeron errores, y ambos sobrevivieron a sus creadores. Quizás por eso las ruinas parecen observarnos, no con hostilidad ni con desprecio, sino con la silenciosa curiosidad de quien ya conoce el final de muchas historias y espera descubrir si la nuestra será diferente. — Kenjiro