SAGA: La Última Frontera. Episodio VIII: El Trono vacío. Parte II. Kenshin Gameplay

Bitácora de Kenjiro Las Tierras Cenizas tienen una forma extraña de enseñar. No hablan. No juzgan. No intentan convencer a nadie. Simplemente permanecen allí, inmóviles, dejando que cada viajero saque sus propias conclusiones. Durante mucho tiempo imaginé que aquel lugar guardaba los restos de un imperio. Hoy comprendí que conserva algo mucho más peligroso: la ilusión de que cualquier imperio puede durar para siempre. Atravesé domos donde el tiempo parece haberse detenido hace siglos. Las máquinas continúan recorriendo los mismos pasillos, obedeciendo órdenes pronunciadas por hombres cuyos nombres ya no recuerda nadie. No sienten odio. Tampoco orgullo. Sólo cumplen una función que sobrevivió a sus creadores. Mientras avanzaba entre ellas pensé que quizá la obediencia absoluta no sea una virtud, sino otra forma de desaparecer lentamente. Los primeros golpes siempre resonaban igual. Acero contra acero. Durante años el sonido del metal me recordó las espadas de samuráis, las armaduras de inquisidores o las cadenas de los esclavos. Aquí era distinto. El acero ya no pertenecía a los hombres. Cantaba desde cuerpos construidos para proteger un mundo que dejó de existir mucho antes de que yo naciera. Caí más de una vez. Volví a levantarme otras tantas. Poco a poco aquellos guardianes dejaron de parecer invencibles. Comprendí sus movimientos, esperé el momento adecuado y el eco del combate terminó apagándose igual que tantas otras veces durante mi viaje. Cuando el silencio regresó, sólo quedaron restos de hierro esparcidos entre las ruinas y nuevos núcleos de inteligencia artificial descansando en mi mochila. Resulta extraño observar aquellas pequeñas piezas y pensar que, hace siglos, daban vida a las máquinas más temidas del mundo. Ahora viajarán hasta Libertad para levantar talleres, fortalecer murallas y seguir construyendo una ciudad donde hombres, sheks, esqueletos y miembros del Enjambre trabajan unos junto a otros. Quizá no exista mejor forma de derrotar a un imperio que utilizar su legado para crear exactamente aquello que nunca habría permitido. Mientras yo caminaba entre las cenizas, la vida continuaba lejos de allí. Libertad volvió a resistir una nueva prueba. Los jinetes cangrejo regresaron convencidos de que otra batalla decidiría nuestra suerte. Ignoran que toda ciudad termina aprendiendo a convivir con aquello que alguna vez creyó una amenaza. Lo que antes representaba miedo hoy termina alimentando a quienes permanecen dentro de nuestras murallas. Resulta curioso cómo incluso la guerra puede transformarse, con el tiempo, en una forma de sostener la vida. A veces pienso en todo lo que ha cambiado desde aquellos días en los que Inu y yo recorríamos el mundo buscando algo para comer antes de que cayera la noche. Entonces cada jornada consistía en sobrevivir hasta el amanecer siguiente. Hoy una ciudad entera espera mi regreso mientras sus talleres continúan trabajando, sus guardianes vigilan las murallas y sus habitantes planean un futuro que ya no depende únicamente de mí. Quizá ese sea el verdadero significado del trono vacío. No que un rey haya desaparecido. Sino que el poder dejó de pertenecer a un solo hombre. Porque los imperios nacen cuando todo depende de quien se sienta en un trono. Las naciones libres comienzan el día en que ese trono deja de ser necesario. — Kenjiro