11.- LAS AVENTURAS DE LA TIA MERCE II de Jesús URCELOY by Rojas

Segunda entrega de la Tía Merce, personaje dulcísimo del maestro Urceloy. Música.- de España op 165, Capricho Catalán de Isaac Albéniz. Stephen Hough's Dream Album: Piano Bonbons. La letra, con permiso: LAS AVENTURAS DE LA TÍA MERCE II Mi tía Merce no escribió jamás un soneto, en realidad no escribió ningún poema. Con total seguridad su literatura se centró en cartas de amor cuando novia y en listas de la compra. Mucho más que las tablillas de QumRán, pese a todas las expectativas. Cuando nos veíamos, en el sosiego de los encuentros no premeditados, sacaba mi cuaderno de notas y le leía algunos versos, en la memoria de hoy excesivamente románticos, bien por almibarados o bien por sucios, pues el romanticismo es un compendio de abruptos vasos de plomo. Ella los escuchaba haciendo otras cosas, por ejemplo un chocolate a la taza y unos trocitos de pan tostado, que luego sacaba al balcón, a una mesita de hierro italiano, donde nos poníamos al acecho de la tarde. Con sol o con lluvia. En la felicidad de los geranios y en la truculencia del ficus espinoso, testigo felicísimo de un tiempo roto para siempre. Quizá fuera la delicia de aquellos sorbos o alguna mirada que pude sorprenderle, en la humedad de un recuerdo, vete tú a saber, que se nos iban los minutos. Este libro te va a gustar, sobrino. He visto que tus ojos se detienen en él cuando vamos de librerías. Confío en que no te hagas ballenero, querido. El mar está infestado de monstruos voraces y melancólicos, pero el peor de los cetáceos salvajes es la envidia española, pues no nos conformamos con desear lo que el otro tiene, sino que las cosas le salgan mal. En unos años te acordarás de estas palabras, y no te entristezcas si por entonces sólo podamos salir a la terraza desde el recuerdo. Aquellas tardes de chocolate y versos se me antojan una delicia incómoda, una especie de picazón alegre que se agrega al liquen y a las marmotas. La tía Merce era el origen de todo, el festejo nupcial entre la ecuación y el diptongo, entre la energía de los mares australes y el sosiego y el grito de un caracol amurallado. Yo guardaba mi cuaderno en el bolsillo interior de mi abrigo o de mi chaqueta de punto y empezaba a entonar una romanza indefinida de zarzuela: "Toda la gente del pueblo / tiene su corazoncito..." Y ahora tómate otra taza de chocolate y unos sorbos de agua fría, porque al fondo, tras esas nubes, en tres minutos va a venir el sol a saludarnos. Qué te pasa en la cucharilla, sobrino, a qué viene ese temblor... @ Jesús Urceloy, noviembre 25