El Evangelio nos hace dignos de Dios

Evangelio según san Mateo 10, 37-42 Domingo XIII del Tiempo Ordinario En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa». Reflexión.-El Evangelio nos hace dignos de Dios Leemos en el Evangelio éstas palabras bellísimas de Jesús a sus discípulos : "Quien a vosotros recibe, me recibe a mí y a mi Padre" (Mt 10,40). Se refiere a recibir a unas personas concretas que ondean en su corazón y en su mirada la bandera de la libertad. Son libres por el Evangelio que anuncian, libres porque son conscientes de que Jesús ha puesto sus "palabras de Espíritu y Vida" (Jn 6,63) en sus labios, libres porque mientras sean fieles al Evangelio que su Señor les ha confiado, no tienen que plegarse a nadie que les incite con favores y reconocimientos a desvirtuarlo. Son libres porque quien les envía es el Señor que ha vencido a la muerte. Al decirnos Jesús que quien les reciba es a Él y a su Padre a quien reciben, está señalando implícitamente que únicamente los que acojan el Evangelio que les predican, tendrán el corazón lo suficientemente purificado como para reconocerle a Él en sus enviados. Este es uno de los más brillantes dones que Jesús legó a su Iglesia: que haya hombres que tengan la Gracia de hablar en su Nombre y que haya personas que, reconociendo en sus rostros la Luz de Jesús, los reciban mucho más que por amistad, los reciban porque saben que reciben a Jesús y al Padre. Padre Antonio Pavía