DE SONORIZAR WOODSTOCK A SER UN ALTAVOZ DE PLÁSTICO EN WALMART: LA HUMILLACIÓN DE ALTEC LANSING
Altec Lansing fue la empresa de altavoces más importante del siglo XX en Estados Unidos. Sonorizaron Woodstock en 1969. Sus monitores 604 mezclaron a los Beatles en Abbey Road. Sus sistemas Voice of the Theatre fueron el estándar del cine de Hollywood durante 40 años. Y la fábrica donde se construyó todo esto estaba literalmente frente a Disneyland en Anaheim, California. Hoy, Altec Lansing es un logo en un altavoz Bluetooth de plástico azul de 29 dólares en Walmart. ¿Cómo ocurrió esta humillación? Esta es la historia más oscura que la industria del audio nunca ha querido contar. En este documental exploramos la cadena completa de propietarios que vació a Altec Lansing de su contenido hasta dejar solo el nombre. Desde su fundación en 1936 — cuando un grupo de ingenieros desempleados de Western Electric compraron los restos de la división de servicio y crearon "All Technical Service Company" (ALL-TEC) — hasta su destino final como marca licenciada por una empresa de Hong Kong llamada AL Infinity. Veremos la era dorada: el lanzamiento de la Voice of the Theatre en 1945 que se convirtió en el estándar de prácticamente todas las salas de cine americanas para 1955. El traslado a Anaheim a mediados de los años cincuenta, justo cuando Walt Disney construía Disneyland al otro lado de la calle. Los trabajadores de Altec que podían escuchar el monorriel de Disneyland desde la cabina de spray donde acababan los gabinetes de los altavoces que reproducirían el sonido de las películas en cines de todo el mundo. Veremos el Altec 604, el monitor de estudio más usado de Estados Unidos durante décadas. Capitol Records lo tenía. Columbia lo tenía. Atlantic lo tenía. Y al otro lado del Atlántico, en Abbey Road en Londres, George Martin y Geoff Emerick mezclaban Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band escuchando altavoces Altec Lansing empotrados en las paredes de la sala de control. La música popular más influyente del siglo XX fue mezclada escuchando altavoces fabricados en una fábrica frente a Disneyland. Veremos Woodstock en agosto de 1969. Cuatrocientas mil personas. Bill Hanley, el padre del refuerzo de sonido para conciertos, eligió Altec Lansing como columna vertebral del sistema que llevó la voz de Joan Baez, la guitarra de Jimi Hendrix y la armonía de Crosby Stills Nash and Young hasta el último espectador. Las torres de altavoces que cubrían el campo eran Altec. Y veremos la caída: la cadena de propietarios que destruyó la empresa sin que nadie tomara la decisión consciente de destruirla. LTV (Ling-Temco-Vought) en 1959, el conglomerado de Texas que aplicó lógica financiera al audio profesional. Sparkomatic en 1984, una empresa de Pensilvania que fabricaba sistemas de audio para coches y que vio en Altec Lansing solo una marca para usar. Mark IV Industries en 1987. Altec Lansing Technologies en 1998. Plantronics en 2005. Y finalmente AL Infinity en 2013, la empresa de Hong Kong que entendió que el nombre valía más que cualquier producto que pudiera fabricar. Veremos cómo la fábrica de Anaheim — el edificio donde se construyeron los altavoces de Woodstock — fue desocupada, demolida, y absorbida por la expansión de Disney. El terreno donde estuvo es hoy parte del complejo de propiedades de Disneyland: aparcamientos, infraestructura de servicios, áreas de apoyo operativo. No hay placa conmemorativa. No hay museo. La fábrica no solo cerró: fue absorbida por la fantasía del otro lado de la calle. Y veremos también la conexión con James B. Lansing, el hombre cuyo apellido aparece en millones de altavoces Altec. Lansing dejó la empresa en 1946 para fundar JBL. Tres años después, se suicidó. Sus dos empresas — Altec Lansing y JBL — lo sobrevivieron, pero ninguna pertenece hoy a personas que lo conocieron personalmente. Esta es la historia más perversa de la industria musical: una empresa puede ser destruida sin que nadie la destruya. Puede ser desmantelada sin que nadie tome la decisión consciente de desmantelarla. Puede dejar de existir como entidad coherente mientras el nombre sigue existiendo como producto comercializable. Altec Lansing es la prueba: el nombre cuesta menos que el plástico del que está hecho el altavoz Bluetooth azul de 29 dólares que lleva su logo en Walmart. Si te interesan las historias que la industria del audio nunca quiso contar, suscríbete a El Último Sonido. ————————————————————————— #AltecLansing #Woodstock #VoiceOfTheTheatre #HistoriaMusical #Documental #AbbeyRoad #Beatles #Hi-Fi #ImperiosOlvidados #AudioVintage

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