Silencio habitado

Llamada a la vida contemplativa No fui yo quien eligió este rincón del camino, fue tu voz que susurró suavemente mi destino. Me atrajiste a la quietud, al rincón de lo escondido, donde el tiempo se detiene y todo cobra sentido. ¿Cómo expresar la gracia de este fuego que me quema? Ser guardiana de tu luz es mi canto y mi poema. Gracias por llamarme a ser el eco de tu voz, a buscarte en lo invisible, a vivir en el amor. Contemplar es el oficio de mirarte sin hablar, Descubrirte en el secreto y dejarme transformar. Un misterio que me envuelve, un regalo sin igual, este nido que me has dado en tu pecho celestial. En la calma de la aurora, cuando el mundo aún descansa, mi alma se despierta y en tu gracia danza. No es distancia lo que vivo, es unión con el hermano, sosteniendo el sufrimiento de este mundo de tu mano. La clausura de mis días es el mar de tu infinito, donde todo lo que toco se vuelve bendito. Gracias por llamarme a ser el eco de tu voz, a buscarte en lo invisible, a vivir en el amor. Contemplar es el oficio de mirarte sin hablar, descubrirte en el secreto y dejarme transformar. Un misterio que me envuelve, un regalo sin igual, este nido que me has dado en tu pecho celestial Me llamaste por mi nombre, me pediste el corazón, y encontré en tu mirada mi descanso y mi razón. Ya no importan las palabras, solo importa tu presencia, la sublime paradoja de vivir de tu existencia. Gracias por llamarme a ser el eco de tu voz, a buscarte en lo invisible, a vivir en el amor. Contemplar es el oficio de mirarte sin hablar, descubrirte en el secreto y dejarme transformar. ¡Gracias por esta andadura, por la paz de este umbral! Mi respuesta es el silencio de una entrega total.