Los vuelos fantasma del A340 que han mantenido a Irán volando

En la víspera de Navidad de 2022, cuatro aviones de fuselaje ancho de Airbus despegaron de Johannesburgo, apagaron sus transpondedores sobre el Golfo Pérsico y desaparecieron. Días después, imágenes satelitales los encontraron estacionados en Teherán. Para la mayoría de la gente, parecía un extraño atraco navideño. Para cualquiera que observara de cerca la industria de la aviación, era el síntoma de algo mucho mayor. Se supone que las sanciones deben dejar las flotas en tierra, y en lugares como Irán, Rusia y Venezuela, así ha sido. Los aviones se pudren en las pistas. Las piezas desaparecen en empresas fantasma. Pero los pasajeros nunca desaparecen junto con las aeronaves, y ese único hecho ha construido silenciosamente una economía aérea paralela en la que algunas aerolíneas se deterioran mientras que un puñado de otras se enriquece de manera extraordinaria. No mediante la innovación. Mediante la geografía. Esta es la historia de la línea invisible que ahora vuelve a trazar el mapa de la aviación mundial, y de por qué las aerolíneas que más se benefician están construyendo sus fortunas sobre unos cimientos que un solo cable diplomático podría disolver.