Todo es mi familia.

Como bien dice la canción: “Y todo es mi familia...” La bebida sagrada, con sus fascinantes pintas y visiones, nos muestra estas verdades con belleza ya veces con rigor. Nos enseña al confrontarnos, al sacudirnos, para que podamos reconocer nuestro propósito y empezar a caminarlo con integridad. Pero es importante recordar que la ayahuasca no es un hábito ni una muleta, mucho menos una escapada. No es una varita mágica que transforma nuestras vidas sin nuestro esfuerzo. Su misión es iluminar el camino; el trabajo real está en nuestras manos. Por eso se dice que la planta representa solo un 5% el 95% son tu esfuerzo y responsabilidad. Ceremonial de yagé en Santa Helena con Don Gerardo Silva. Para más También me encuentras en facebook como Wilsner Barrera.