Cantar

Hay cosas que el lenguaje no alcanza. Uno intenta explicarlas, ordenarlas, ponerles nombre. Busca la palabra justa, pero siempre falta algo. Porque hay dolores, amores y despedidas que no caben en una conversación. Entonces aparece el canto. Cantar es dejar que la voz diga lo que la boca nunca pudo. Es encontrar una melodía para aquello que el orgullo calló, que el miedo escondió o que llegó demasiado tarde para ser dicho. Entre vos y yo, quizás quedaron frases pendientes. Explicaciones que nunca llegaron, perdones que no encontraron el momento, silencios que terminaron hablando más fuerte que cualquier discusión. Pero cuando una canción nos atraviesa, de pronto entendemos. No porque nos dé respuestas, sino porque habla en otro idioma. El alma tiene un lenguaje que no usa palabras. Usa recuerdos, emociones, pausas, lágrimas y melodías. Y, a veces, una canción logra decir en tres minutos lo que una vida entera no pudo explicar. Quizás por eso cantamos. No para que los demás nos escuchen, sino para que aquello que llevamos adentro encuentre, por fin, una voz.