Tu Gracia Me Basta

Éter 12:27 nos enseña que nuestras debilidades no tienen que alejarnos de Cristo. Muchas veces pensamos que debemos ser fuertes, perfectos o tener todo bajo control antes de acercarnos a Él, pero este versículo nos muestra lo contrario. El Señor nos invita a venir a Él precisamente con nuestras debilidades, con humildad y con un corazón dispuesto a cambiar. Este consejo es profundamente consolador porque nos recuerda que la debilidad no es el final de nuestra historia. Cuando reconocemos sinceramente nuestras luchas, nuestros miedos, nuestras inseguridades y nuestras imperfecciones, abrimos la puerta para que la gracia de Jesucristo actúe en nosotros. Él no nos humilla para destruirnos; nos ayuda a ser humildes para poder levantarnos. Acercarnos a Cristo por medio de este principio significa dejar de escondernos de Él. Significa orar con honestidad, pedir ayuda, confiar en Su gracia y permitir que Él trabaje en las partes más frágiles de nuestra vida. A veces el Señor no quita inmediatamente la debilidad, pero nos da fortaleza, paciencia, fe y dirección para seguir adelante un día a la vez. Éter 12:27 nos recuerda que, en las manos de Cristo, lo débil puede llegar a ser fuerte. Su gracia nos cambia, nos sostiene y nos enseña que no estamos solos. Cuando venimos a Él con humildad, nuestras debilidades pueden convertirse en oportunidades para conocerlo mejor, depender más de Su amor y caminar más cerca de Él.