La Milanesa, Pont Aeri…

Track de la ruta: https://loc.wiki/t/273738737?h=7qpajj... La ruta de hoy nos lleva a recorrer las sendas de La Milanesa y el Pont Aeri en sentido contrario al habitual. El trazado discurre por la pista que une Sotés con Santa Coloma, sube hacia Moncalvillo y regresa por los pastizales de Daroca. Partimos desde Logroño cruzando el parque de La Grajera para conectar con el Camino de Santiago en dirección a Navarrete. Al salir de esta localidad, hicimos una breve parada en la fuente situada frente al cementerio para solucionar una pequeña incidencia mecánica. Tras dejar atrás el Camino de Santiago, continuamos por pistas rurales hasta alcanzar la carretera de Sotés. Tras unos metros de asfalto, nos desviamos a la derecha por un camino poco transitado y con una pendiente notable, exigente no solo por el desnivel sino también por la abundante vegetación, el cual desemboca en una granja de porcino. Seguimos avanzando por caminos de monte hasta enlazar con la pista que une Sotés y Santa Coloma. En este punto se encuentra lo que habitualmente es la salida de La Milanesa, pero al realizarla a la inversa, se convirtió en nuestra puerta de entrada. Recorrer las sendas en sentido contrario a su diseño original suele implicar empujar la bici en algún tramo, y esta no fue la excepción: tocó echar el pie a tierra en alguna zona. De vuelta a la pista, a escasos metros, nos topamos con el final de la senda del Pont Aeri. A diferencia de la anterior, y aunque pica hacia arriba, esta senda se puede remontar bien en ambos sentidos; eso sí, exige una buena condición física o, como en mi caso, la inestimable ayuda de una bicicleta eléctrica. Esta senda nos dejó en la parte alta, junto a una portilla que da acceso a la pradera de Moncalvillo. Siguiendo el trazado por un terreno que se vuelve algo incómodo a ratos, alcanzamos la carretera de acceso a las antenas de Moncalvillo. Tras ascender un breve tramo por asfalto, llegamos a la portilla de la Fuente (un consejo: si hay agua, mejor no beber). Cruzamos la cancela y comenzó el descenso, primero resguardados por el bosque y después a cielo abierto a través de los espectaculares pastizales de Daroca. Después de un buen rato de bajada limpia, nos internamos de nuevo en la masa forestal, donde el ganado nos dio la bienvenida. Pasamos por dos portillas que hoy se encontraban abiertas (recordemos la norma de oro: dejar siempre las portillas tal y como las encontramos). Al llegar a Daroca aprovechamos para reponer agua antes de afrontar la última senda del día, ubicada en el monte de la Cruz del Muerto. Aunque el inicio es algo empinado, luego se estabiliza y llanea de forma muy cómoda por una de las terrazas que se forman en los pinares de repoblación. Desde allí, ya solo quedaba rodar hacia las bodegas de Medrano, tomar el camino asfaltado de vuelta a Navarrete y regresar a Logroño por La Grajera. En resumen: una jornada sobre ruedas muy entretenida y, sobre todo, en excelente compañía.