LA CASA DE SUS SUEÑOS - de AGATHA CHRISTIE

LA CASA DE SUS SUEÑOS: Ésta es la historia de John Segrave: de su vida, que fue insatisfactoria; de su amor, no correspondido; de sus sueños, y de su muerte. Y si en estos últimos encontró lo que en aquéllos le había sido negado, podría considerarse que en suma disfrutó de una vida venturosa. ¿Quién sabe? La familia de John Segrave andaba de capa caída desde hacía un siglo. Sus antepasados habían sido ricos hacendados desde la época isabelina, pero no quedaban ya más tierras por vender. Se había juzgado oportuno que al menos uno de los hijos se instruyese en el provechoso arte de amasar fortuna. Una involuntaria ironía del destino quiso que fuese John el elegido... ...A los dieciocho años entró como joven empleado en una importante compañía. Siete años más tarde seguía siendo empleado, ya no tan joven pero con idéntica categoría. Su modo de ser no incluía la facultad de «prosperar en la vida». Era puntual, voluntarioso, diligente… un empleado y nada más que un empleado. Y sin embargo podría haber sido… ¿qué? Él mismo era incapaz de responder a esa pregunta, pero tenía la firme convicción de que en alguna parte existía una vida en la que su presencia sería digna de consideración. Poseía una fuerza, una rapidez de percepción, una cualidad indefinida que sus compañeros de fatigas no imaginaban siquiera. Les caía bien. Despertaba simpatía por su despreocupada cordialidad, y nadie reparaba en el hecho de que excluía a los demás de cualquier forma de verdadera intimidad, aunque, eso sí, con igual despreocupación. El sueño se presentó de manera súbita. No era una fantasía infantil aumentada y desarrollada a lo largo de los años. Lo asaltó una noche a mediados de verano, o para ser más exactos ya de madrugada. John Segrave se despertó estremecido e intentó denodadamente retenerlo mientras se esfumaba, escurriéndosele entre los dedos con la evanescencia propia de los sueños. Se aferró a él con desesperación. No debía dejarlo escapar. No debía. Debía fijar aquella casa en su memoria. Era la casa, sin duda. La casa que tan bien conocía. ¿Era una casa real o existía únicamente en sus sueños?