EL JARDINERO DEL VIENTO

EL JARDINERO DEL VIENTO Homenaje original a Joan Manuel Serrat Nota: En la voz de Joan Manuel Serrat habita una forma serena de entender el paso del tiempo: no como pérdida, sino como decantación. Sus canciones, cada vez más hondas, parecen saber que envejecer es aprender a nombrar lo esencial sin prisa, con la ternura de quien ha mirado de frente la vida y aún así elige cantarla. Hay en su palabra una sabiduría que no pontifica, sino que acompaña; que no niega la herida, pero la vuelve canto. Y así, con la dignidad de lo vivido, Serrat nos enseña que el tiempo, bien habitado, no marchita: afina. Poema-canción: Hubo un hombre sembrando relojes en los bancales del aire, un hombre que le quitaba espinas al calendario para que el pan no supiera a derrota. Mientras la ciudad cambiaba de piel como las serpientes del olvido, él guardaba una lámpara de sal encendida entre los dientes de la noche. Cantaba. Y las ventanas aprendían a respirar. Traía el Mediterráneo doblado en el bolsillo, como quien lleva una carta nunca enviada. Traía gaviotas cosidas a la memoria, barcos hechos con la madera de los abrazos, y una lluvia pequeña, doméstica, para regar las macetas del alma. Donde otros veían ruinas, él encontraba semillas. Donde otros levantaban muros, él abría caminos con la navaja azul de una canción. Porque hay voces que pasan, y voces que se quedan. Voces que son humo, y voces que hacen leña para el invierno. Tú fuiste fogata, faro, puerto, y viento favorable. Un árbol cantando en mitad de la tormenta. Los años llegaron despacio, como llegan los gatos a los tejados, sin pedir permiso. Y fueron dejando plata en las orillas, surcos en la frente, campanas de experiencia en la mirada. Pero nunca pudieron cerrar la puerta de aquel muchacho que seguía jugando a las canicas con los planetas. Ahora el tiempo se sienta a tu mesa como un viejo amigo. Compartís silencios, aceitunas, memorias. Y mientras el mundo corre detrás de espejismos, tú sigues enseñando que la belleza cabe en una silla, en una calle cualquiera, en la sombra generosa de una higuera, en la humilde revolución de la ternura. Porque hay voces que pasan, y voces que se quedan. Voces que son humo, y voces que hacen leña para el invierno. Y tú sigues cantando, jardinero del viento, afinando la luz en los balcones del tiempo. Mientras una generación entera aprende que envejecer es convertir la memoria en una forma de música.   Letra y música. Fco. Muñoz-Martín (Miembro de la Academia de Música de España y de la SGAE) Vocalista: Ismael Álvarez: un universitario con una gran voz y sin ánimo de lucro.