CATEDRAL DE SANTA CECILIA, ALBI (FRANCIA)

La catedral de Santa Cecilia es una de las mayores obras de ladrillo del mundo. Nos impresionan sus muros, más anchos en la parte baja para impedir su minado en un asedio, de 40 metros de altura, sus vanos en forma de troneras y las torrecillas que refuerzan la estructura completan su imagen de fortaleza de Dios. Se tardaron doscientos años en finalizarla, comenzada por el obispo y vice-inquisidor de Francia Bernard de Castanet y consagrada por Luis I de Amboise en 1480. Frente al exterior sobrio y robusto el interior contrata con su policromía. Las pinturas en perfecto estado de conservación nos transmiten la angustia del hombre, el genio de la creación y la fuerza de Dios. Las propias dimensiones de la única nave sirven para aumentar estas sensaciones en los espectadores. La decoración de la bóveda fue realizada por pintores italianos entre 1509 y 1512, representando a Santos y Santas rodeando a un Cristo majestatico. En el altar mayor un fresco de grandes dimensiones representa El Juicio Final, como recuerdo a los herejes del castigo que les espera. Pintado al temple, hay tres registros: el cielo, la tierra y el infierno donde los malvados gesticulan en los compartimentos dedicados a los siete pecados capitales.