La entrega de nuestro Señor Jesucristo | Pastor Mainardo Fernandez | 05/07/2026

---- TEXTO BÍBLICO ---- SAN LUCAS 23:26-49 RVR1960 [26] Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. [27] Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. [28] Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. [29] Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. [30] Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. [31] Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? [32] Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. [33] Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. [34] Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. [35] Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si este es el Cristo, el escogido de Dios. [36] Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, [37] y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. [38] Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. [39] Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. [40] Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? [41] Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo. [42] Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. [43] Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. [44] Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. [45] Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. [46] Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró. [47] Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. [48] Y toda la multitud de los que estaban presentes en este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían golpeándose el pecho. [49] Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.