Alfredo Sadel, El Tenor Favorito de Venezuela, "Madrigal", VI parte, “”, Bogotá, 1985

Lo llamaban “El tenor favorito de Venezuela” por su voz, por supuesto, pero también por su inclinación hacia la música sinfónica. Alfredo Sadel fue un “rara avis” en el panorama de la canción popular latinoamericana. Un artista que siempre nadó de manera particular en las aguas del bolero, la canción romántica y el folclor de su país. Nacido en Caracas como Alfredo Sánchez Luna, adquirió el nombre de Alfredo Sadel combinando los apellidos Sánchez y Gardel, su gran ídolo. Estudiante de solfeo, armonía, piano y canto, fue dibujante publicitario de la agencia McCann Erickson, lo que alternó con su aprendizaje musical. El momento detonante de su carrera ocurrió en 1946 cuando participó en el programa de aficionados Caravana Camel de Radio Caracas. Interpretó Diamante negro, pasodoble de José Reyna y Luis Peraza, dedicado al torero caraqueño Luis Sánchez Olivares, conocido por ese sobrenombre. Su salto a la fama fue inmediato y éxito comercial lo certificó. Durante los años 40 siguió presentándose en la radio, haciendo grabaciones sin parar y actuando en cine, como en la cinta Flor de Campo, dirigida por José Giaccardi y que lo convirtió en todo un ídolo juvenil. Para la década de los años 50 dio el salto a Nueva York, debutando en el Teatro Jefferson, actuando en el show de televisión de Ed Sullivan, al que siguieron otros programas en la ABC y escenarios y giras por la Costa Este. Era atractivo, tenía carisma y su voz era portentosa. Como rezaba un viejo dicho, “la cámara lo adoraba”. En 1955 llegó a La Habana, impactando con su presencia, alternando con los grandes ídolos de la canción isleña, y convirtiéndose en un fenómeno de ventas con el tema Mi canción. A finales de aquella década la Metro-Goldwyn-Mayer lo contrató como sustituto de Mario Lanza, el trágico cantante lírico y actor fallecido en 1959. Ya los años 60 el otro escenario que conquistó fue México DF, tanto en los estudios de grabación, como en los estudios de cine. Actuó en las cintas El ratón, Tú y la mentira, El buena suerte, Tres balas perdidas, En cada feria un amor y Martín Santos el llanero, además de participar en la banda sonora de dos de ellas. Siempre con un pie en su tierra, Alfredo Sadel participó en la fundación de la AVADE, Asociación Venezolana de Artistas de la Escena, al tiempo que daba otro paso definitivo en su carrera al convertirse en cantante de ópera. Su debut fue en la zarzuela Los Gavilanes. Le seguiría Cecilia Valdés y varias más que lo llevaron por escenarios de todo el mundo. Pero nunca se alejó del folclor venezolano, aunque su vida estuvo llena de controversias debido a lo que denominan sus biógrafos, “un temperamento volcánico”.