La Freddy-Canción:"Freddy"

Freddy (Fredesvinda García Valdés) Céspedes, Camagüey, 1933. Llega a La Habana a los 12 años para colocarse de doméstica. Para fines de los '58, ya era un personaje conocido de la farándula cubana; una señora que pesaba unas 300 libras, que frecuenta café-bars como El Celeste, y que cantaba a cappella, con mucho feeling y con una voz de contralto que sonaba como un contrabajo bien tocado. A la sazón, trabajaba de cocinera en una residencia del Vedado. Total, que para 1959 estaba catapultada al éxito, en los mejores cabarets de Cuba. Era el último hallazgo. Guillermo Cabrera Infante la noveliza como Estrella, en su novela Tres Tristes Tigres, y le dedica varios capítulos. Tal es su fascinación por ella, que esos capítulos se han publicado separados, como una novela per se. Freddy graba su único disco, comienza a viajar a México, y termina la gira quedándose en Puerto Rico, donde muere en 1961. Tomado de Cristobal Díaz-Ayala, "Encyclopedic Discography of Cuban Music 1925-1960" Yo conocí a la Estrella cuando se llamaba Estrella Rodríguez y no era famosa y nadie pensaba que se iba a morir y ninguno de los que la conocían la iba a llorar si se moría. [] De pronto, ya nos íbamos. Fue entonces cuando la vi por primera vez. Era una mulata enorme, gorda gorda, de brazos como muslos y de muslos que parecían dos troncos sosteniendo el tanque del agua que era su cuerpo. Le dije a Irenita, le pregunté a Irenita, le dije, Quién es la gorda, porque la mujer parecía dominar absolutamente el chowcito... [] Pues allá en el centro del chowcito estaba ahora la gorda vestida con un vestido barato, de una tela carmelita cobarde que se confundía con el chocolate de su piel chocolate y unas sandalias viejas, malucas, y un vaso en la mano, moviéndose al compás de la música, moviendo las caderas, todo su cuerpo de una manera bella, no obscena pero sí sexual y bellamente, meneándose a ritmo, canturreando por entre los labios aporreados, sus labios gordos y morados, a ritmo, agitando el vaso a ritmo, rímicamente, bellamente, artísticamente ahora y el efecto total era una belleza tan distinta, tan horrible, tan nueva que lamenté no haber llevado la cámara para haber retratado aquel elefante que bailaba ballet, aquel hipopótamo en punta, aquel edificio movido por la música y le dije a Irenita, antes de preguntarle el nombre, interrumpiéndome cuando preguntaba el nombre, al preguntarle el nombre, Es la belleza salvaje de la vida, sin que me oyera naturalmente, sin que me entendiera si me había oído, naturalmente y le dije, le pregunté, le dije, Quién es, tú. Ella me dijo con un tono muy desagradable, Es la caguama que canta, la única tortuga que canta boleros Tomado de Guillermo Cabrera Infante, Ella cantaba boleros, en Tres Tristes Tigres, 1967