Tratamiento para bruxismo con toxina botulinica tipo A

Tratamiento del Síndrome doloroso miofascial causado por bruxismo con toxina botulínica tipo A El bruxismo se define como un trastorno caracterizado por la alteración de los movimientos bucales normales, cambiado por otros no funcionales que conllevan a apretar y/o rechinar los dientes produciendo contracturas de uno o más grupos musculares que participan en la masticación, trastorno llamado síndrome doloroso miofascial. El síndrome se presenta al apretar los dientes, ya que se generará una sobrecarga muscular como consecuencia de todo esto, los pacientes pueden referir dolor agudo durante el proceso de masticación; aunque también podrían experimentar un dolor perenne que limite su actividad diaria (crónico), movilidad mandibular anormal y desgastes dentales acompañado de fracaso en las restauraciones odontológicas previas debido al apretamiento excesivo. A la sintomatología anterior cabe añadir dolor de cabeza el cual muchas veces puede irradiarse a la región cervical. También hay pacientes que perciben el problema como un trastorno estético ya que la cara se torna cuadrada y fuerte, dando una apariencia tosca. Los siguientes síntomas son indicativos de presencia de una alteración de la ATM (la articulación mandibular): dolor orofacial y en la región preauricular, limitación de la apertura oral, percepción de clics audibles durante la masticación, contractura de los músculos las cuales se perciben como dolor al tacto y desgastes dentales. Ante alguno de los anteriores consulte a su odontólogo de cabecera. Muchos son los tratamientos propuestos para el síndrome doloroso miofascial ocasionado por bruxismo, como lo son el empleo de férulas, las terapias farmacológicas o la psicoterapia. El propósito de todos ellos es limitar los efectos destructivos de este trastorno sobre los músculos. Sin embargo y teniendo en cuenta que estos tratamientos, especialmente el uso de férulas dentales muestra diferentes grados de eficacia, ya que los pacientes se las quitan, debe considerarse más un tratamiento sintomático que etiológico, especialmente destinado a prevenir el desgaste dental y la sobrecarga de la ATM. Por otro lado, se ha demostrado que las terapias cognitivo-conductuales tienen efectos poco significativos a corto plazo en el tratamiento. Como tratamiento farmacológico la toxina botulínica tipo A (TB-A) induce la relajación muscular en aquellos músculos en los que se aplica; en el caso de los músculos maseteros disminuye la contracción muscular excesiva, tanto en reposo como durante los movimientos de masticación. El efecto clínico de la toxina sobre el bruxismo puede observarse de 2 a 4 días después de la inyección inicial. La duración de sus efectos beneficiosos puede alcanzar hasta 6 meses cuando se realiza el tratamiento por primera vez, y podría ser más duradero si se siguen aplicando nuevas dosis de toxina al aplicarlo periódicamente. Es necesario que el cirujano maxilofacial realice evaluación exhaustiva ya que la mayoría de los pacientes requieren también la colocación de toxina en otros músculos de la masticación, como los músculos temporales y los pterigoideos, presentándose el valor agregado de disminuir el tamaño de los músculos aumentados por la sobrecarga lo que dará una ganancia estética a aquellas personas que presentan inconformidad por el aumento de tamaño de maseteros o temporales por bruxismo severo.