KRAKEN: Despierta el TITÁN del Rock Colombiano

La historia de Kraken I, el álbum que dio origen al heavy metal colombiano, contada desde el contexto social y cultural de la Medellín de los años 80. En medio de la violencia, el narcotráfico y el prejuicio contra el rock, Elkin Ramírez y Kraken levantaron una voz de resistencia, conciencia y libertad. La historia del rock normalmente se nos cuenta a través del lente de la cultura y la vida en las esferas angloparlantes. El diálogo entre los Estados Unidos e Inglaterra convirtió el blues en rock n roll y el hard rock en punk y heavy metal. Las ondas radiales y los surcos de los vinilos llevaron la música más lejos de lo que cualquier grito o solo de guitarra podía llegar por sí mismo y le otorgaron a la humanidad la era del rock, no sólo en las tierras donde lo crearon, sino en todo el mundo. La cercanía geográfica con la frontera, acercó el rock n roll a México y al igual que con los puertos ingleses, los primeros discos también llegaron en barcos al río de la plata; a Argentina, y el irrestible llamado del rock hizo lo suyo, moviendo a generaciones de músicos latinoamericanos a desarrollar su propia versión de esta música. Aún si no entendían las letras en inglés, entendieron la música y su razón de ser. Estas tierras se apropiarían de los sonidos del norte y le imprimieron su voz latina, convirtiéndose en la cuna de lo que hoy llamamos "Rock en Español". Sin embargo, nuestra historia de hoy viene de otras latitudes. Un reino de marimbas de chonta; tiples, cuatro y charango; de salsa caribeña y bambucos andinos. Un país de selva y montañas con olor a café que se pensaría olvidado por los dioses del rock, pero sus designios eran claros: Colombia no vería nacer a un dios, sino a un Titán. Como muchas de las grandes historias del rock y el metal, nos ubicamos durante los años 80 en la ciudad de Medellín, durante una de las épocas más sangrientas de la historia reciente de Colombia. La avalancha de dólares sucios que trajo el narcotráfico desde los 70s, sirvió para que las organizaciones criminales se engranaran en casi todas las esferas de la sociedad. Discotecas, farmacias, lo que fuera, todo podía ser una fachada de los capos para lavar sus dólares. El dinero y el poder corrompieron a una sociedad que se veía cada vez más asfixiada bajo gobiernos incompetentes que tenían las manos atadas con el conflicto armado como para seguirle el paso a la exportación masiva de narcóticos. Los infames carteles de Cali y Medellín se apoderaron del país con terror y dinero: sedujeron políticos, agentes de la ley, incluso compraron títulos deportivos e hicieron que los artistas tropicales les escribieran canciones a los cabecillas. Al que no se dejara comprar, sencillo: lo mataban; Plata o Plomo. Antes de que las calles se impregnaran del olor a sangre y pólvora, por ellas anduvo un muchacho que al salir de una heladería escuchó entre el bullicio de Medellín una música que nunca antes había sentido. El trance fue tan poderoso que su helado se le derritió en la mano a un pequeño Elkin Ramírez cuando escuchó un ruido que le cambiaría la vida para siempre pues inadvertidamente escuchó un concierto de Judas, una de las primeras bandas de Rock en Medellín; su primer concierto de Rock. Así, a su amor por la pintura y la literatura, se sumaría el amor por la música. No sólo la música clásica, óperas y baladas que se escuchaban en casa sino a esta electrizante revelación. Se dejó crecer el cabello —aún si su padre lo obligaría a cortarlo una y otra vez— y de la mano de Led Zeppelin, Queen, Pink Floyd y demás, se adentraría junto a sus amigos en esta música durante reuniones donde pintaban y leían filosofía hasta elevadas horas de la noche. Siendo menores de edad, no podían entrar a los pequeños bares de rock que iban apareciendo en la ciudad, pero eso no significaba que no se quedaran a escuchar nuevas canciones que se filtraran por las ventanas abiertas. Al mismo tiempo, entre los barrios y los colegios se reunían los chicos que, como Elkin, escucharon el llamado del rock y se rebuscaban las formas para hacer ruido, construyendo sus propios instrumentos y ensayando en cualquier rincón donde se pudieran conectar. Un fan de The Beatles y uno de KISS, los mejores de su clase, se unen para empezar a tocar guitarra y bajo, cuando aparece otro muchacho de su barrio con la misma pinta de rockero, proclamando ser el guitarrista del legendario grupo español Barón Rojo... Sino que se aburrió por allá y volvió a Medellín y curiosamente ahora andaba buscando una banda y qué mejor que otros muchachos de 16 años como él. Para cuando tuvo que admitir la mentira, ya se habían hecho amigos Hugo Restrepo, Jaime Tobón y Jorge Atehortúa que luego de varios intentos fallidos pondrían un aviso en la radio para encontrar un baterista. Una llamada que respondería Gonzalo Vásquez y en 1983, estos chichos se reunieron para tocar "Breaking the Law"//Rompiendo la Ley de Judas Priest en su primer ensayo. #rock #kraken #rockcolombiano