Salmo 81 (80) cantado | ¡Gritad de gozo a Dios, nuestra fuerza!
Este canto está inspirado en el Salmo 81 (80), una solemne invitación a la alabanza y, al mismo tiempo, una llamada urgente a escuchar la voz de Dios. El salmo une la alegría de la celebración litúrgica con la memoria de la alianza y la exhortación a la fidelidad. «¡Gritad de gozo a Dios, nuestra fuerza, aclamad al Dios de Jacob!». El pueblo es convocado a la fiesta. La música, los instrumentos y el canto expresan la alegría de pertenecer a Dios: «Entonad la salmodia, tocad el tamboril, la melodiosa cítara y el arpa». La celebración recuerda las grandes obras de Dios en la historia de Israel, especialmente la liberación de Egipto: «Yo descargué su hombro de la carga, sus manos dejaron la espuerta». Dios escucha el clamor de su pueblo, lo libera de la esclavitud y lo conduce por el camino de la libertad. La alianza nace de esta acción salvadora. Sin embargo, el tono del salmo cambia cuando es Dios mismo quien toma la palabra: «Escucha, pueblo mío, y te amonestaré; ¡ojalá me escucharas, Israel!». El Señor lamenta la resistencia de su pueblo. A pesar de los beneficios recibidos, Israel se ha apartado de su Dios y ha seguido otros caminos. «Mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no quiso obedecerme». La verdadera tragedia no es el castigo, sino el rechazo de la comunión con Dios. Por ello, el Señor permite que el pueblo experimente las consecuencias de sus propias decisiones. Pero incluso en medio de esta queja divina aparece una inmensa ternura: «¡Ojalá mi pueblo me escuchara, e Israel caminara por mis caminos!». Dios no desea la ruina de su pueblo, sino su felicidad. Si escuchara su voz, disfrutaría de abundancia y de paz. «Lo alimentaría con flor de trigo, lo saciaría con miel de la roca». La conclusión del salmo revela el corazón de Dios: un Padre que anhela ser escuchado para poder colmar de bienes a sus hijos. En la tradición cristiana, este salmo es una llamada permanente a escuchar la voz de Cristo, que conduce a la verdadera libertad y alimenta a su pueblo con el pan de vida. María, la Madre de Dios, aparece como modelo perfecto de escucha. Su respuesta al Señor —«Hágase en mí según tu palabra»— representa la actitud que este salmo propone a todo creyente. En sintonía con Laudato si’, el salmo recuerda que la obediencia a Dios no limita la vida, sino que la hace florecer. Escuchar al Creador conduce a una relación armoniosa con los demás, con uno mismo y con la creación. Cantado con tono festivo al inicio y profundamente meditativo en su parte central, este salmo invita a la alabanza, a la escucha y a la conversión del corazón. Este contenido es estrictamente religioso y cultural, realizado sin ánimo de lucro, sin monetización ni fines comerciales. Su única finalidad es la oración, la meditación de la Palabra de Dios y la edificación espiritual. La música ha sido generada como apoyo expresivo al texto bíblico, sin explotación económica. Que este canto nos ayude a escuchar la voz del Señor y a caminar por sus caminos con un corazón dócil y agradecido.

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