SAGA: El Hambre. Episodio I: Inu y Kenjiro. Kenshi gameplay.

Bitácora de Kenjiro No recuerdo cuántos días llevamos sin una comida digna de ese nombre, Inu tampoco se queja aunque me inquietaría mas si ladrara. Hoy volví a dejarlo dentro de una jaula, cada jornada resulta más difícil que la anterior. Antes de partir, cerré la puerta y repetí las mismas palabras que llevo días repitiendo "Es por su seguridad." Sin embargo, cada vez que me alejo y lo veo observándome entre los barrotes, empiezo a sospechar que esa explicación está dirigida más a mí que a él. Todavía pertenece a la edad de los cachorros y sus patas aún no conocen largas distancias, sus colmillos todavía no han aprendido todas las lecciones que este mundo acostumbra enseñar y las lecciones de este mundo suelen cobrarse con sangre. Las ruinas emanan una sensación de peligro y lo que existe más allá de ellas hace que deje de ser solo una sensación. Necesitamos alimento y necesitamos permanecer con vida. Por ahora, eso basta. Continué entrenando. Aprendí a moverme entre las sombras sin llamar la atención de hombres hostiles, aprendí a cargar más peso del que mi cuerpo consideraba razonable. Aprendí que una espalda cansada puede fortalecerse y que el dolor rara vez se marcha sin antes dejar una cicatriz como enseñanza. Mientras tanto, Inu sobrevivía como podía. En estas tierras pocos preguntan de dónde proviene la carne. Los hambrientos suelen formular menos preguntas que los hombres acomodados. Intenté derribar hombres sin quitarles la vida, fallé. Más veces de las que me gustaría recordar. Las cicatrices recientes todavía duelen cuando cambia el viento. Pero cada derrota parecía señalar un error que la anterior había pasado por alto. Con el tiempo logré derribar al ninja que habitaba aquellas ruinas. No fue una contienda honorable ni una demostración de virtud. Fue hambre contra confianza y el hambre resultó más perseverante. Entre sus pertenencias encontré lo suficiente para alcanzar World's End. Allí comí, descansé. Durante unas pocas horas olvidé la sensación de tener el estómago vacío. Empiezo a sospechar que el hambre nunca desaparece del todo, solo se aleja lo suficiente para que un hombre cometa el error de confiarse. Luego al emprender el camino de vuelta encontré una torre repleta de provisiones. Los hombres que la custodiaban poseían más alimento del que podrían consumir en muchas lunas, Inu no poseía nada. La decisión fue sencilla. Ahora algunos soldados persiguen mis huellas. Ignoro qué relatos contarán cuando hablen de mí. Ladrón , bandido, cobarde, quizás algunas de esas palabras sean merecidas. Las ruinas están llenas de de cadáveres de hombres que se consideraban justos. Lo único que sé es que mañana al regresar, cuando Inu me vea aparecer entre las ruinas, moverá la cola como si nunca hubiera partido. No estoy seguro de haber hecho algo para merecer semejante lealtad. Quizás los hombres deberían aprender ciertas cosas de los perros. — Kenjiro