CEMENTERIO DE COLINDRES

David Martínez, un escritor en busca de inspiración y fascinado por los relatos de terror, se encontraba cautivado por la leyenda del Paseo de los Muertos de Colindres. Al llegar a Colindres, se encontró con un pueblo aparentemente tranquilo, pero una tensión latente se cernía en el aire. Era el día previo al Paseo de los Muertos, y los residentes se preparaban para la noche más aterradora del año. Una misteriosa procesión que tenía lugar una vez al año durante la noche de Todos los Santos. Durante siglos, los residentes habían observado en silencio cómo las almas de los difuntos caminaban entre ellos, llevando consigo el peso de sus pecados y sus historias inacabadas. Esto ocurre en un pequeño pueblo de la costa norte de España, un secreto oscuro entre sus tranquilas calles y casas de colores. El relato corto con el que iniciamos el vídeo, no conocemos su autor, pero es maravilloso para describir este cementerio que es ideal para narraciones fantásticas. El cementerio parroquial de Colindres se encuentra ubicado en el Barrio San Roque. El camposanto está situado estratégicamente cerca de la Iglesia de San Juan Bautista y del Parque del Tintero, dando servicio a las familias del municipio y de otras localidades; es uno de los espacios funerarios más representativos de la provincia. En este cementerio descansan generaciones de familias locales, y ofrece servicios adaptados a las necesidades de cada persona, en toda su comarca, único en Cantabria por su valor histórico y singular. El Cementerio de Colindres se encuentra en un lugar que proporciona la paz necesaria para que las personas de Colindres logren conmemorar a esos seres queridos que ya no se encuentran entre todos nosotros. El camposanto está dentro del Camino Real, en las localidades que están incluidas en esta ruta que celebran actos como mercados medievales o recreaciones del viaje del emperador. La recreación se inicia con la llegada del monarca a Laredo en barco a la playa de la Salvé. En su último desembarco en España, el Rey Carlos V desembarcó el 28 de septiembre de 1556 en la localidad cántabra para, siete días después, iniciar su recorrido hacia el monasterio de Yuste, en la actual provincia de Cáceres, al que llegó el 5 de febrero de 1557 tras más de cinco meses de viaje. Álvaro Villa Rey ® Registrado