La señal de los yugos

La soberanía de Dios es absoluta, universal e inmutable. Él es el Creador de la tierra, del hombre y de toda criatura viviente; por tanto, tiene el derecho y la autoridad para gobernar sobre su creación. Su soberanía implica un dominio legítimo sobre todas las cosas. Dios ordena la historia para exaltar su nombre y sostener a su pueblo en toda circunstancia por su gracia. Todo existe, subsiste y se ordena según su voluntad eterna. Su soberanía significa que Dios no solo permite, sino que decreta con sabiduría perfecta todo lo que acontece, para la gloria de su nombre.