¿Por qué jugar solo nunca se siente igual que jugar con amigos?

Todos hemos vivido algo parecido. Pasar horas haciendo una tarea que, vista desde fuera, parecía aburrida... pero que nunca se sentía pesada mientras nuestros amigos estaban ahí. Entonces ellos dejaron de jugar. Y, de un momento a otro, ese mismo juego ya no volvió a sentirse igual. En este video intento entender por qué jugar solo nunca se siente igual que jugar con amigos y por qué, muchas veces, los recuerdos más importantes que nos dejan los videojuegos nunca tienen que ver con los objetos, los niveles o las misiones, sino con las personas que conocimos gracias a ellos.