Carlos Saladrigas: “Una combinación de los países bálticos con Singapur e Israel”
Llego a las tres en punto. Él mismo me abre la puerta, mira su reloj y me pregunta: “¿Tú eres americano?” ¡Qué cosa esa de que a los cubanos siempre nos esperan diez o quince minutos tarde!, pienso mientras le digo que soy cubano pero criado por unas mujeres de antes, de las que no me perdonaban ni un minuto de retraso. Carlos Saladrigas me recibe en su casa, un espacio acogedor, inmenso, rodeado de palmas, helechos, ficus y todo el verde posible. Adentro reconozco una luz muy cubana, un color que recuerda las tardes de verano en las afueras de La Habana. Todo está perfectamente iluminado, pero las persianas y los cristales de los ventanales proyectan una claridad que no deslumbra, a pesar del sol de Miami en pleno día. “El sistema se mantiene, pero ya no es un sistema comunista. El comunismo como empresa privada se cae, se acaba. Se convierte en una dictadura con sabor de izquierda o de derecha, pero da lo mismo: es una autocracia. Hay grandes diferencias entre Cuba y Vietnam, entre Cuba y China, pero, ¿si el modelo chino fuera tan fácil, ganar dinero y mantener el control, no crees que ya lo hubieran hecho hace 30 años? Ellos le temen a algo mucho más grande que el dinero”. Me dice todo esto mientras me sugiere espacios donde sentarnos a conversar. Al final, preferimos sentarnos afuera, en el patio central. Me ofrece algo para tomar, le digo que solo agua y él mismo regresa con dos vasos que pone sobre una servilleta. Me fijo en su camisa de guinga verde y blanca y recuerdo que tuve una igual, comprada por mi abuela, una de aquellas mujeres recias que me educaron en el nunca llegar tarde. “Ahora mismo hay una enorme incertidumbre sobre qué está pidiendo Estados Unidos, qué está dispuesto a hacer el gobierno cubano y qué se está proponiendo. En general, hay mucha incertidumbre porque hay una serie de informaciones totalmente contradictorias. A veces se escuchan palabras por parte de los dirigentes norteamericanos de que lo que les interesa es una apertura económica y que los cambios políticos vendrán después. Sabemos que el presidente Trump se enamoró del modelo venezolano, al punto que dijo que se podía aplicar a Irán, a Cuba y a cualquier otro país, cuando sabemos que no es así. Cada país es muy distinto”. “No sabemos qué va a pasar, cuándo va a pasar, ni cuál va a ser la envergadura de los cambios. Lo que sí sabemos es que la situación en Cuba está crítica: Cuba está en el fondo de un barril, ¿puede irse más al fondo? Sí, y está en ese camino. Es un sistema económicamente colapsado, con muy pocas opciones de recuperación. Por eso creo que la discusión más productiva se enfoca en qué tenemos que hacer para recuperar Cuba en el momento en que se abra esa ventana de posibilidades”. Carlos Saladrigas sabe colocar un mensaje y organiza sus palabras de modo que quede claro. Aboga por una transición pacífica y gradual, centrada en el empoderamiento ciudadano con especial énfasis en el crecimiento del sector privado cubano, el emprendimiento y la creación de condiciones para una economía abierta y sostenible. Su propuesta ha sido polémica, rechazada tanto por el régimen, que asume todo cambio como un peligro, como por sectores de la diáspora que no conciben un futuro sin cambios políticos previos. Desde el Cuba Study Group, una de sus líneas de trabajo más sistemáticas y persistentes ha sido pensar escenarios posibles para una transición y recuperación económica de Cuba, combinando investigación aplicada, producción de propuestas de política pública y promoción de consensos entre actores de la diáspora, la sociedad civil cubana y sectores reformistas dentro de la Isla. Con una realidad tan cambiante y complicada como la cubana, lo que quiero es que me describa esos posibles escenarios, esa Cuba al final del túnel. “Para que haya inversión extranjera o privada que ayude a generar capital para Cuba, que es un país descapitalizado, hace falta un periodo de estabilización significativo que va a costar mucho dinero, entre siete y diez mil millones de dólares, y va a tardar entre tres y cinco años. A diferencia del capital familiar que ayuda a las mipymes y que sí fluye rápido, el capital formal, el de un inversionista de peso de Estados Unidos o de Europa que diga ʻvoy a invertir en Cubaʼ, va a tardar, porque no existen condiciones de confianza para la inversión”. … Continúa en Hypermedia Magazine: https://hypermediamagazine.com/seccio...

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