Los ganaderos marismeños celebran el rito de la Saca de las Yeguas desde Doñana hasta Almonte

“¡Qué bonito es el Rocío, qué bonita es la marisma y qué bonito es Doñana, mi orgullo ser marismeño de esa marisma huelvana!”. La letra de esta histórica sevillana de los marismeños que cantan los yegüerizos almonteños tras terminar la faena de reagrupar el ganado que tienen en Doñana libre y salvaje resume a la perfección la idiosincrasia de un pueblo que no se entiende sin la Virgen, sin Doñana y sin la marisma. Una santísima trinidad que los forasteros, como los almonteños suelen llamar a los de fuera, nunca comprenderán ni sentirán como ellos. Durante los últimos días, los yegüerizos han estado en terrenos tanto del Parque Nacional como del Parque Natural de Doñana agrupando alrededor de las 1.300 yeguas de la raza autóctona marismeña que tienen en esta joya de la naturaleza durante todo el año completamente en libertad. Una vez reagrupadas, las trasladan desde la marisma hasta Almonte, pasando por delante de la Virgen del Rocío, de cara a la feria ganadera que se celebra en el pueblo. Allí les realizarán las habituales tareas de tuza y corte de crines y cómo no, tendrá lugar la compraventa de animales. Este traslado conocido como la ‘Saca de las Yeguas’ siempre se celebra el 26 de junio. Tras la feria, el 1 de julio vuelven las bestias a ser conducidas a Doñana donde quedan de nuevo un año más en libertad. Estas condiciones de vida hacen que este ganado sea muy duro y fuerte a la hora de trabajar en el campo o tirar de un carro. Las condiciones de vida y los bruscos cambios de tiempo que soportan a lo largo del año les hacen ser robustos y nobles. Muchos reconocen que no son tan atractivos visualmente como otras razas de equinos, pero el fondo, la fuerza y la resistencia que tienen estos animales marismeños no se encuentra en el resto de las razas. Aunque parezca una tarea sencilla y fácil, la Saca de las Yeguas esconde detrás todo el sentir de un pueblo y una forma de vida heredada de muchos siglos, concretamente desde 1504 cuando del Duque de Medina Sidonia formalizó una tradición que ya se veía celebrando de antaño. Entonces, el carácter de esta actividad tenía mucho más de económico que ahora. Las yeguas se usaban para la trilla, para trabajar en el campo, y los ganaderos compraban y vendían animales entre ellos. Yeguas, machos, potros, cada uno va haciendo su pequeña ganadería según sus necesidades. Hoy día, la actividad se desarrolla para conservar una tradición y un estilo de vida, y enseñar a las nuevas generaciones una faena campera tal y como la aprendieron ellos de sus mayores, ya que la moderna maquinaria agrícola no hace necesario el uso de animales para muchas faenas agrícolas. La organización corre a cargo de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño en colaboración con la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente, a través del Espacio Natural de Doñana, y también con el Ayuntamiento de Almonte, que participa en el trayecto de los animales desde el Rocío hasta el recinto ganadero del pueblo.