LA BIBLIOTECA IDEAL, 6: Pablo Neruda (1904-1973) (I)

COMENTARIO Algunos me acusan de divagar, creyendo que yo he venido aquí a hablar de Neruda (para eso están las obras de Neruda, para que hable por sí mismo) y no de la biblioteca ideal, y de cómo tener en ella a autores cuya vida no nos lo parezca tanto. Otros me acusan de prejuicios anticomunistas, cuando precisamente pongo como arquetipo de escritor cuya vida no fue buena al conservador Cicerón, siguiendo a Quintiliano. De hecho, antes de hacer este retrato de Neruda consulté a mis amistades chilenas, para evitar el vicio frecuente de hablar de las intimidades y entresijos de un país sin saber (como en España lleva haciéndose con Venezuela durante la última década), y hallo que, frente a su opinión, mi discurso podría parecer de extrema izquierda, porque le dan más acusaciones que las que yo aquí reproduzco, y, aquí viene lo paradójico, se trata de acusaciones que también le hace la izquierda, como me han hecho saber por los comentarios. Es decir, una objeción que se me hace desde la izquierda y la derecha al decir que Neruda era malo es que me callo que era peor de lo que digo. Se me dice, por ejemplo, que debería haber hablado de sus coqueteos con la morfina, pero yo, como no soy de izquierdas, no considero que eso sea una culpa moral, y desde luego que, por mucha afición que tuviera a la morfina, siempre habrá sido menor que la del gran poeta Julio Herrera y Reissig, de quien tenemos una famosa fotografía inyectándosela. Pero, ante todo, izquierdas y derechas acusan a Neruda de violador, y las izquierdas me dicen que por esa causa no se dio su nombre a un aeropuerto. Al comentármelo mis amigos no precisamente de izquierdas, la verdad es que no le di mucha importancia, porque, al no recordar yo ese pasaje de su biografía, supuse que se trataría de un abuso de confianza o un caso poco delimitable. Al leerlo después, veo que efectivamente se trata de un caso de estupro de criadas, aunque no comentado jocosamente como en "Luces de Bohemia" sino con culpa. Pues bien, yo no traje esto a colación porque me parecería como hacer que la acusación principal de Cicerón fuera de esclavismo. No voy a decir que "todos los escritores son violadores", en plan "todos los fumadores son pecadores", pero casi. De las anotaciones de Victor Hugo sobre sus criadas a la violación grupal en Cela, encuentro cosas siempre mucho, mucho peores que lo que cuenta Neruda y que instruyen acusaciones infinitamente más graves contra sus autores. Pocos relatos son comparables, sin embargo, con el del entonces fascista Indro Montanelli sobre su "matrimonio" en Abisinia con una niña de 12 años a la que califica de "animalillo dócil". Incluso el poeta tan aclamada y celebradamente homosexual Luis Cernuda podría entrar en la categoría de agresor sexual o violador si se hubiese aprobado la Ley de Libertad Sexual de Irene Montero, ya que relata una experiencia sexual con una mujer mexicana que, si bien se muestra tácitamente consentidora y aun instigadora, no expresa un "sí" en ningún momento, lo que, según los parámetros monterianos y la nueva izquierda, nos muestra claramente que estamos ante una violación (por eso yo bromeaba con lo de "Me gustas cuando callas porque estás como ausente"). Evidentemente abusar de las criadas me parece mal, como me parece mal la esclavitud, obvio, pero me parece injusto juzgar a Neruda por reconocer su culpa cuando tantos otros se pavonean de ello y lo consideran un motivo cómico, así que, nuevamente, Neruda no me parece tan malo como se lo parece a sus correligionarios, y sí me parece malísimo, execrable como persona, el entonces fascista Montanelli, con lo que difícilmente se me podrá objetar una ceguera ideológica, aunque, como ya he dicho otras veces, también vea a los fascistas como unos entusiastas socialistas que son además, para colmo de males, nacionalistas, y, gracias a Hitler, racistas.