El organo musical de Notre Dame

Brazos de piedra que, horadando altura, pretenden arrancarle a Dios sus dones; inmóviles, absortas oraciones que la marcha del tiempo no apresura. Lanzas de centinela en noche oscura, de día, al sol, pareja de leones, en defensa de axiomas y visiones de una fe que aún durmiéndose perdura. Se han perdido compás, plomada, escoplo, y hasta el viento llevó en furtivo soplo los nombres de arquitectos y canteros. Mas queda este perfil inalterable, exuberante pluma, erguido sable de sobrios monjes, rígidos guerreros.